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Deja de afilar tu hacha y cómprate una motosierra

El séptimo hábito que plantea Stephen R. Covey en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (libro muy recomendable por cierto) es afilar la sierra. Con ese hábito se refiere a que debemos dedicar tiempo a revisar y mejorar los otros seis hábitos. En la productividad no basta con sólo afilar hay que automatizar.

Con el debate en la mesa sobre si la inteligencia artificial reemplazará a una gran parte de los actuales puestos de trabajo, poco debate queda sobre muchas de las tareas que hacemos hoy en día y su reemplazo por tecnología.

Soy un fuerte creyente en que la tecnología no es buena o mala per se, es el uso que se haga de la tecnología lo que puede ser más o menos reprochable. Lo que sí tengo claro es que si no nos aprovechamos para nuestro beneficio, estamos llevándolo lo peor por duplicado. Usar la tecnología en lo que es mejor que los humanos nos va a ayudar sacar mayor partido a nuestro día a día y disponer de más tiempo para tareas donde la tecnología no es tan buena.

Y ¿en qué nos puede ayudar la tecnología?

Guardar información

Los ordenadores no son sólo buenos guardando cantidades grandes de información sino además de hacerlo en calidad y orden.

Recuerdo cuando antaño recordábamos el número de teléfono de todos nuestros amigos, la fecha de su cumpleaños y hasta de sus códigos postales. Hoy la cantidad de información que cada uno de nosotros generamos por el mero hecho de existir hace imposible recordarlo todo. La cantidad de información que requiere nuestro día a día se hace inmanejable: días y horas de reuniones, teléfonos de cientos de personas, correos electrónicos, contraseñas, documentación y un sinfín más.

Confiar en nuestra memoria para almacenar sin perder el más mínimo detalle nos va a llevar al error antes o después.

Acceder a la información

¿A quién no le gustaría tener un buscador integrado en la cabeza para poder acceder a recuerdos, imágenes o nombres?

Las herramientas digitales están hechas no sólo para guardar bien la información sino para acceder rápido y de una forma muy intuitiva a la misma. Ya sea a través de un orden lógico de la información (carpetas, etiquetas, tablas) o bien a través de buscadores. A menudo nos ocurre que sabemos que sabemos algo pero no lo recordamos. Esa información que a la que no podemos acceder es como si no existiera.

Desaparece el problema de cómo guardar toda la información y surge el de cómo buscarla de la forma más eficiente.

Automatizar acciones

Si algo caracteriza a las herramientas digitales es que hacer la misma acción una y otra vez es trivial.

No sólo que sea gratis en términos de esfuerzo repetir la misma acción sino que además, una vez que hemos comprobado que está bien diseñada, no cometerá ningún error. Los humanos somos muy buenos cuando generamos hábitos pero nos volvemos falibles ante ciertas circunstancias. Cuando las tareas nos aburren o estamos cansados somos más propensos a cometer errores.

Todas aquellas tareas o acciones que tengan una componente de repetición, son buenos objetivos para digitalizar para, de nuevo, disponer de más tiempo para otros asuntos.

Vaya por delante que nunca la herramienta va a solucionar nuestros problemas, somos nosotros los que debemos poner a nuestro servicio las herramientas. El trabajo previo que debemos realizar es de descubrir los puntos más débiles de nuestro sistema de productividad, ver si es algo que podemos delegar en la tecnología.

Consultor y emprendedor. Apasionado de las personas y de la tecnología.

Consultor y emprendedor. Apasionado de las personas y de la tecnología.